Cuando ya los brazos ni las piernas te sirven para levantarte..
¿Qué te queda?
El apoyo con los demás se desgasta mientras que te lamentas de tus errores,
no te mientas, eres tú quién escribe tu legado, quien se queda anonadado,
cuando te asomas y ya los dados están tirados.
De repente aparecen voces elocuentes y lo peor es que no te mienten.
Sara comprendió que tenía que guardar silencio.Aquellas fiebres le habían otorgado el don del silencio. Se volvió obediente y resignada. Había entendido que los sueños solo se pueden cultivar a oscuras y en secreto. Y esperaba. Llegaría el día-estaba segura-en que podría gritar triunfalmente: "¡Miranfú!". Mientras tanto,sobreviviría en su isla. Como Robinson. Ycomo la estatua de la libertad.