Sara comprendió que tenía que guardar silencio.Aquellas fiebres le habían otorgado el don del silencio. Se volvió obediente y resignada. Había entendido que los sueños solo se pueden cultivar a oscuras y en secreto. Y esperaba. Llegaría el día-estaba segura-en que podría gritar triunfalmente: "¡Miranfú!". Mientras tanto,sobreviviría en su isla. Como Robinson. Ycomo la estatua de la libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario