martes, 20 de julio de 2010

Sara comprendió que tenía que guardar silencio.Aquellas fiebres le habían otorgado el don del silencio. Se volvió obediente y resignada. Había entendido que los sueños solo se pueden cultivar a oscuras y en secreto. Y esperaba. Llegaría el día-estaba segura-en que podría gritar triunfalmente: "¡Miranfú!". Mientras tanto,sobreviviría en su isla. Como Robinson. Ycomo la estatua de la libertad.

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